jueves, 10 de abril de 2008

Palace of the Coin

Estuve unos días en Chile para avanzar en las reuniones de mi doctorado y para la boda de mi buen amigo Felipe. Aprovechamos, además, para conocer las tres casas de Pablo Neruda (la Chascona en Santiago, Isla Negra y la Sebastiana en Valparaíso). Así que pasamos dos días en Valparaíso. Un gran descubrimiento, tan similar aparentemente a Lisboa, pero tan diferente en tantas cosas.

El caso es que nos quedamos en un bed and breakfast en uno de los casi 50 cerros de la ciudad, con una vista increíble de la ciudad. En el desayuno conocimos a gente de diferentes países pero lo más divertido nos sucedió con una chica australiana que llevaba cinco semanas viajando por el sur de América. Estaba ya por partir y nos preguntó qué hacer en Santiago.

Hablamos de la Chascona, del cerro Santa Lucía, del Museo de Arte Precolombino...

Ah, Precolumbian art, does it mean the history of the old Santiago city?. Imaginad nuestros ojos de sorpresa. Pero seguimos... No, inca, azteca art... before Columbus arrived to America.

And of course, you should visit Palacio de la Moneda. Palacio de la Moneda? Yes, where Allende was killed. Allende? (de nuevo ataque de sinceridad) I don´t know that much about Chilean history. De manera sucinta, comentamos con nuestros también escasos conocimientos de historia chilena: He was the elected president who defended a communist Chile (más sinceridad, ésta vez con cara de asustada) Communist?

El Palacio de la Moneda lleva poco tiempo visitarlo y está cerca del metro, así que le interesaba la visita. Continúa la conversación:

Can you say the name of the palace in English?

Más estupefacción. Natalia y yo nos miramos. Palace of the Money, dice Natalia. Or better, Palace of the Coin, digo yo. Ella lo anota. Thanks... I will ask for it.

Si nosotros estamos sorprendidos, no quiero ni pensar qué habrá sucedido al chileno o a la chilena a quiénes le hayan preguntado por la calle, con un acento extraño, donde está el Palace of the Coin?

Cacerolazos... de nuevo

Prácticamente toda la crisis del campo (que aún dista de estar solucionada) la he vivido desde Chile. Con excepción de un par de días que nos fuimos a dormir con el ruido de cacerolazos, lo he seguido más a través de la prensa, de los amigos y de los conocidos argentinos.

Ha sido una de las principales movilizaciones sociales desde el 2003. Y de hecho muestra un cierto malestar social con la nueva situación de la economía. Es verdad que se trata aún, por lo poco que conozco de la política argentina, de un hecho muy concreto y que se extiende solo a la clase social media alta, y fundamentalmente urbana. De hecho, la presidenta, con su tono usual de confrontación e ironismo, llegó a decir algo así como que las cacerolas habían sido sustituidos por woks y nuevos artilugios de la cocina sofisticada.

Desde aquí debemos decir, que más que las movilizaciones, lo que se ha notado en la calle ha sido el desabastecimiento. La carne, símbolo, himno y bandera argentina, desapareció de los supermercados argentinos. Como una gran contradicción, dentro de la contradicción de un país como éste de la abundancia en tantas cosas y ausencia de las mismas, sólo era posible encontrar carne en algunos supermercados chinos. Los chinos de la esquina se convirtieron por unos días en los principales abastecedores de carne en el país de la carne.

Fue además interesante ver cómo se generaban las reuniones de cacerolas. Alguien salía a la calle, a la puerta de casa, sin aviso previo, y empezaba a crear ruido con su cacerola. Se unían después algunos coches que sonaba el claxon y más y más vecinos se sumaban a la cacerola. Así de espontáneo...

La respuesta a la respuesta fue la gran concentración en la Plaza de Mayo. La plaza de Mayo que es el lugar de los encuentros los desencuentros de la política y la historia de Argentina. No lo vivimos de cerca, así que no puedo contar mucho. Sólo que el número de personas que asistieron fueron mucho menos de las previstas, y la mayoría de ellas llegaron en autobuses organizados por fuerzas kirchnerista.

No está aún claro el fin de la crisis. Según me comentan algunos amigos vuelve a representar la dicotomía que tradicionalmente ha vertebrado la política argentina en las últimas décadas: la oligarquía propietaria del campo frente a gobiernos deficitarios que han buscado o en la privatización o en el aumento de impuestos de los sectores más fuertes económicamente el sustento de sus políticas.

Una persona que conocimos nos comentaba que en Argentina es muy difícil hacer negocios. Que si encuentras un negocio dónde se puede hacer dinero, el gobierno tarde o temprano llegará, verá su oportunidad impositiva y lo gravará hasta qué asfixie esa actividad y desincentive la actividad. Posteriormente la actividad se volverá indispensable para el país y el gobierno acabará subsidiando la actividad. Y todo ello sucede, nos comentaba, con una velocidad increíble.

Intentaré resumir según mis limitados conocimientos. En el caso del campo la soja se ha convertido en una oportunidad económica a corto plazo: las ganancias se generan en un periodo de tiempo relativamente breve, en pocos meses, debido a los altos precios de las commodities en los mercados internacionales, a la devaluación del peso y a los bajos costes de producción. Grandes extensiones se están especialzando en el monocultivo de la soja. Así que el gobierno predice que este año los productores de soja ganarán más de lo previsto y varían las tasas impositivas a las exportaciones.

Resulta que el gobierno reconoce que quería gravar sobre todo a los grandes propietarios y no a los medianos. Así que decide que quiere mantener las retenciones, pero que a los medianos y pequeños propietarios se les devolverá una parte de las retenciones. Esto significa nuevos mecanismos de control, nuevas bureocracias, y más complicaciones en la gestión de la economía del campo.

Mi impresión es que Argentina tiene una capacidad para encontrar soluciones a todo. Y siempre son muy imaginativas, pero a la vez muy complicadas. La gente no confía en las medidas, parece que todos saben que hay algo que nunca se sabrá, que hay acuerdos no explícitos que benefician a unos pocos. Y todo ello contribuye a una desconfianza social enorme. Al menos, si todo se soluciona, la excelente carne argentina volverá al supermercado, seguirá siendo excelente (aunque cada vez un poco menos) y el asado de los fines de semana para amigos y familia se volverá a organizar. Cómo eso afecte a la sociedad no importa. O importa pero sé es consciente de que se puede hacer poco... Es así como se forma la argentinidad o como lo definía alguien en un libro que no recuerdo, el “hecho de estar a vuelta de todo y de todos y aún así seguir adelante”.

Hubo movilizaciones, ví profesores cortando las calles y dando clase en medio de la calle sobre la crisis política actual, se publicaron artículos y artículos, posts ni os cuento... pero la sensación es que todo seguirá igual. Hasta que una nueva solución radical sea necesaria y eso provoque el inconformismo de la sociedad argentina.

martes, 11 de marzo de 2008

Patagonia y el viento

Hemos tenido el blog parado durante unas semanas y era momento de retomarlo, porque para nuestra sorpresa hemos recibido algunos e-mails comentándonos que qué pasaba y de personas que queríais saber más de nuestro viaje. Así que lo retomaremos donde lo dejamos. Patagonia, allá al Sur. Dejaré las elecciones, la política argentina, la española y la italiana (qué tres países!), para otro momento...

Nunca había visto el viento soplar con tanta intensidad como en Patagonia. El viento en Patagonia arrasa con todo a su paso. Aunque es un viento que no pasa. Se detiene. Sopla y sopla, y no para. Está ahí un día, y al día siguiente sigue allí, soplando prácticamente con la misma intensidad. Nunca me había imaginado que el viento era capaz de levantar una caída de agua y así pasó con un pequeña catarata que nos encontramos en el Seno de Última Esperanza, en Puerto Natales en Chile. Podéis encontrar alguna foto en el link.



Y es increíble porque me pareció un sueño absurdo fruto de la imaginación de un niño pequeño. De pequeños tendemos a pensar en cómo debe ser andar y vivir boca a abajo. O cómo debe ser la vida del murciélago. O cómo sería si lloviese para arriba. O cómo debe ser un catarata para arriba. Y en Patagonia, al menos por un momento, recordé aquellas preguntas infantiles sobre la dirección de la gravedad y la orientación de la vida.

El viento no solo crea estas imágenes únicas momentáneas. Sino que también tiene efectos a largo plazo. Otro ejemplo: los árboles banderas. Son árboles de tamaño reducido, duros y fuertes, que aguantan el soplar del viento, convirtiéndose en árboles con forma de bandera. Como si sus ramas fuesen la cabellera de una mujer de larga melena levantados por el viento. No hay duda. Aquí el viento sopla siempre en la misma dirección y casi siempre con la misma intensidad.

Mi abuelo siempre decía que según dónde sople el viento sabremos si lloverá o no, así como la intensidad de la tormenta. Pero en Patagonia esta regla es imposible: parece que el viento siempre sopla en la misma dirección. Como si hubiese encontrado un camino y una ruta, que es su ruta: la ruta del viento.

El viento suele ser molesto, pero en Patagonia lo es menos, o al menos parece menos molesto. Es como sin viento no fuese Patagonia. Además no hay apenas arena que el viento levante (¿será que ya se llevó todo lo que podía llevar hace mucho tiempo?) y solo en muy pocas ocasiones transporta algo. Es viento puro que solo lleva frío humedad. A veces un poco de agua y unas gotas de lluvia (¿o será hielo de la Antártida?)... y probablemente por eso te deje como nuevo.

Es también increíble como la gente y los animales han aprendido a vivir con el viento. Por kilómetros y kilométros se encuentra el ganado, pastando tranquilo, indiferente a la intensidad del viento. Levantando la cabeza cuando pasa algún vehículo o alguna persona. El viento es su sonido ambiente y eso, me imagino, debe marcar carácter y personalidad.

jueves, 24 de enero de 2008

Lo stretto di Magellano



Uno dei momenti più emozionanti del nostro viaggio é stato per me attraversare lo stretto di Magellano. La mattina siamo partiti presto da Rio Gallegos, un’anonima e tristissima cittadina nel mezzo della Patagonia sulla costa atlantica.

L’autobus é partito con quasi un’ora di ritardo a causa del controllo passaporti, durante il viaggio, di quasi 13 ore, era previsto l’attraversamento di 4 dogane diverse (Argentina-Cile, Cile –Argentina).

In viaggio con noi, c’erano un gruppo di paraguaiani che viaggiava non so da quanti giorni per andare a lavorare al porto di Ushuaia, qualche argentino di Rio Gallegos e una coppia di svizzeri, turisti come noi.

Dopo quasi due ore di viaggio, attraversando paesaggi infiniti senza un’anima viva, arriviamo davanti allo stretto, a punta Delgada.

Il mare, come spesso succede in questo tratto era molto mosso.

Dall’altra parte si vedeva perfettamente il Cile e l’isola della terra del fuoco. Sono solo due km di distanza. E’ un paesaggio molto suggestivo il vento e la pioggia uniscono in un grigio dalle tonalità chiare o scure le lunghissime onde grige con il cielo e le nuvole. Ogni tanto si intravede qualche tonnina giocare con le onde.

Mentre ero a bordo del ferry mi sono vista come un puntino minuscolo sull’atlante de agostini di casa mia a Genova. Quell’atlante sta sempre in salotto e ognitanto nella noia lo sfogliavo, vagando con la mente per posti lontani e sconosciuti. E la mia fantasia arrivava sempre fino allo stretto di Magellano , dove si incontrano l’oceano atlantico e il pacifico.

Ho respirato a fondo quell’aria salata e gelida, e mi sono lasciata sballottare dalle onde. Dentro di me ho vissuto una grande avventura.Ho rivissuto tutto quello che ho imparato sui libri di scuola, mi sono sentita esploratrice, missionaria, commerciante di stoffe preziose, immigrante...

Dopo poco stavamo già attraccando, avventura finita. Appena torno a Genova non vedo l’ora di riaprire l’atlante de Agostini e ovviamente dire "ci sono stata"!!!!!

miércoles, 23 de enero de 2008

Patagonia: el agua



Los límites de la Patagonia son límites de agua. A un lado, en Argentina, el Atlántico. Al otro, el Pacífico, en Chile. Al Sur los diferentes estrechos que unen los dos grandes oceános y por arriba, aunque no haya una frontera claramente definida se encuentra, oficiosamente, el río Negro. Las fronteras de Patagonia, son de agua, y sin ser ni una isla ni una península tiene algunas características y mitologías propias de éstas.

Los Andes, obstáculo para las nubes provenientes del pacífico, contribuyen a crear las peculiaridades climatológicas que generan los diferentes paisajes de la zona. El agua condensada que llega del Pacífico alimenta de nieve los glaciares (algunos, muy poco, aún en avance y a pesar de que el agujero de la capa de ozono se sitúa encima del Sur de la Patagonia), y el deshielo de las nieves y de los glaciares alimenta la multitud de lagos que crecen cercanos a Los Andes. Sin embargo, la mayor parte del agua se precipita pocos kilómetros después la cordillera más alta de América. Y así el resto de la Patagonia es muy seca, con pocas lluvias, dando lugar a la estepa patagónica de las grandes estancias basadas en el ganado ovino, que apenas necesita agua dulce para sobrevivir.

Algo que me ha sorprendido es la diversidad de colores que adquiere el agua en sus diferentes formas y lugares. Hay lagos azules, los hay verdosos, los hay esmeraldas, los hay grisáceos, los hay lechosos, los hay de color añil, los hay turquesas... y muchas veces un mismo lago puede tener colores muy diferentes. De todos los lagos el que más nos sorprendió por sus colores es el argentino, que como podéis ver en la foto puede tomar formas muy diferentes. Lo más sorprendente es que no son colores reales, sino efectos ópticos. Una ilusión óptica.


El agua en forma de hielo también da lugar a colores y formas únicas. Los icebergs que flotan en los lagos próximos a los glaciares adquieren formas insospechadas. Es difícil encontrar pedazos iguales, e igual que de niños jugamos a buscar parecidos entre las formas de las nubes y las cosas que conocemos, lo mismo se puede hacer con los bloques de hielo que navegan por los lagos. El hielo es transparente, pero por efectos de luz y de percepción se distinguen una diversidad de azules que hacen a los glaciares un espectáculo de color único.

En Patagonia el agua tiene color y sonido. El sonido es el desprendimiento del hielo y sobre todo del Perito Moreno. Dicen que los días de sol y por la tarde es cuando más sonoro se encuentra el gigante blanco. Cuando estuvimos se cayeron varios trozos, unos de ellos enorme, que podrían equivaler a tres o cuatro bloques de 10 pisos. El sonido es increíble y generan un pequeño maremoto. No puedo imaginar qué espectáculo debe ser la ruptura del glaciar que se produce cada 4 o 5 años, y que por un proceso natural único hace que un montaña de hielo se derrumbe.

Muchos de los lagos compiten en belleza, en bravura y en inmensidad con el océano, y en algunos momentos es difícil distinguir entre una ola de mar o una ola de lago. Esto nos pasó en el lago Llanquihué por ejemplo.

En un mundo en el que el agua se está convirtiendo en uno de los bienes más preciosos y más injustamente repartidos, la belleza e inmensidad del agua en Patagonia se convierte casi en un bofetón social. En un injusticia natural que asombra por su vastedad y su increíble esplendor.

De hecho el agua es ahora uno de los recursos más apreciados y buscados de Patagonia. Si en el pasado llegaron a Patagonia los buscadores de oro y de petróleo (en su mayoría con escaso éxito), ahora son los explotadores de agua quiénes están comprando más y más terreno en la región. El agua, aquí, no es necesario buscarlo. Leía que una empresa de la familia Bush ha invertido en la zona precisamente para explotar el agua de la región. No sé si tendrá un efecto importante en la paisajística del lugar. Pero el que la belleza, la forma y estos colores del agua queden en manos privadas y extranjeras me da mucho miedo.

domingo, 20 de enero de 2008

Patagonia y los elementos

Llevo unos días pensando en qué escribir de nuestro viaje por el sur de Sudamérica. No sabía muy bien como hablar de Patagonia. Son muchas las emociones y sensaciones que nos hecho sentir este viaje. Digo que nos ha hecho sentir porque cuando se viaja en pareja las emociones en muchas ocasiones van más allá de lo individual y lo que yo siento se ve contagiado de lo que siente ella. Y supongo que también sucede lo mismo a la viceversa.

Se puede hablar de la Patagonia de muchas maneras. Se podrían escribir libros y libros. Y los posts, ni os cuento, serían innumerables (de hecho ya lo son). Os podríamos contar anécdotas, y os aseguramos que las hemos tenido, pero no sé si os divertirían tanto como lo hicieron a nosotros. Y por último como he visto en la mayoría de blogs sobre la Patagonia os podría hablar de datos prácticos para el viajero. Pero no podría ser muy original, y de algún modo, parecería que os intentamos imponer la idea de que el mejor viaje es el que hemos hecho nosotros. No sé por qué los blogs (y diarios de viajes) tienden a ser eso, un compendio de datos de la mejor manera de viajar por una región. De todos modos, ya sabeís, que si viajáis por la zona podéis contactarnos y os daremos nuestras sugerencias.


Así que he decido irme por las ramas y organizar el viaje por elementos. Recuerdo que en la escuela nos hablaban de cuatro elementos fundamentales (o algo así), de los que ya hablaban los griegos. La filosofía china tambien habla de 5 elementos en lugar de cuatro.

Sorprendentemente cada uno de estos elementos me recuerdan a etapas diferentes del viaje. Así que me será fácil repasar y escribir algunas de las cosas que nos sucedieron durante estos días. Empezaré por el agua (cómo los lagos y glaciares patagónicos); continuaré con la tierra (la estepa patagónica y los volcanes); seguiré con el viento (constante de la Patagonia y de nuestro viaje) y acabaré hablando del fuego (etapa final de nuestro viaje y confín del mundo).

Pero antes la definición de qué es Patagonia. La Patagonia es una región indefinida, que termina en el Sur de América, y que incluye zonas de Chile y Argentina, pero que no está muy claro donde empieza. En algunos sitios he leído que es toda la zona que están debajo de la Pampa, al sur del Río Negro. Es decir que para empezar Patagonia tiene fin, pero no tiene inicio. De hecho no he encontrado ningún mapa oficial de la Patagonia. Esta situación ya le hace un lugar diferente: representa una entidad indefinida, con un final, que durante muchos años ha representado el fin del mundo (más allá solo queda la Antártida), pero que no tiene inicio. Como los viajes, que la etapa de inicio no es lo fundamental (cuando empezamos a querer conocer un sitio y vamos fraguando el viaje), sino la meta, el final es lo que cuenta. Es casi más un concepto de viaje que un territorio.

Para aquellos incapaces de tragarse este rollo patagónico, empiezo por lo mejor, por las fotos y por un mapa. Para dimensionar el viaje que hicimos.

Fotos: Link.

Viaje en Google Earth: link

Continuará...

lunes, 14 de enero de 2008

ritorno a Buenos Aires

Siamo tornati oggi, dopo 25 giorni di viaggio, da San Martin de los Andes (nord della Patagonia) fino a Ushuaia (punta della Terra del Fuoco)…

E’ stato un viaggio intenso e affascinante.

E’ stato uno di quei viaggi dove la sera ti addormenti con immagini, profumi, colori, silenzi, che non vuoi lasciar andare.

Abbiamo ripercorso posti “mitici” che immaginavamo da bambini sui banchi di scuola studiando Magellano e Darwin e di cui abbiamo letto nei libri di Chatwin, Allende, Sepulveda.

Adesso disfo le valige, e poi mi verrà in mente come scrivere di quest’avventura e non dimenticarla.

Buona notte N.